
El último informe anual de Amnistía Internacional presentado esta semana alerta de un deterioro generalizado de los derechos humanos a escala global, marcado por el auge del autoritarismo, la (…)
Las autoridades de Marruecos no deben deportar a Idris Hasan, de etnia uigur y detenido en este país, a China, donde corre riesgo de sufrir tortura. También nos preocupa la primera sentencia condenatoria en aplicación de la Ley de Seguridad Nacional de Hong-Kong, ya que es el “principio del fin” de la libertad de expresión en este país. Y seguimos pendientes de que la vacuna contra la COVID-19 se redistribuya urgentemente en todo el mundo sin discriminación. Por último, en España, hemos recordado al gobierno que está a tiempo de impedir que Canarias se convierta en otra frontera europea sin derechos para las personas migrantes y refugiadas.
La sentencia condenatoria dictada contra el hongkonés Tong Ying-kit por “incitar a la secesión” y “actos de terrorismo”, tras el primer juicio celebrado en virtud de la Ley de Seguridad Nacional de la ciudad, de 2020, es un momento importante y e inquietante para los derechos humanos en Hong Kong. La sentencia dictada subraya el hecho indiscutible de que expresar ahora ciertas opiniones políticas en la ciudad es oficialmente un delito por el que se puede pasar el resto de la vida en la cárcel.
Declarar culpable de ‘secesión’ a Tong Ying-kit por enarbolar una bandera con una consigna política ampliamente utilizada es una violación del derecho internacional, en virtud del cual la expresión no debe ser penalizada a menos que represente una amenaza concreta. Da la impresión de que estamos ante el principio del fin de la libertad de expresión en Hong Kong.