
“Si cerráis el paso al futuro, lo que tendréis es una revolución”
FLORES DE ESPERANZA
La placa de homenaje dedicada al diputado italiano Guido Picelli, héroe del Batallón Garibaldi de las (…)
Para los sublevados en el golpe cívico militar de 1936 las mujeres sólo podían ser dos cosas: débiles mentales o pervertidas morales y sexuales. Esto afirmaban, entre otros, los psiquiatras del régimen, como Vallejo Nájera o López Ibor. El primero llegó a defender que “A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella”.
Vallejo Nájera estudió en Berlín y fue condecorado por el Gobierno nazi. Como “buen” cristiano, eso decía, no abogaba por el exterminio de los contrarios al régimen fascista de Franco, pero sí afirmaba que la única solución para los hijos de “los rojos”, dado el gen hereditario, la psicopatía y la debilidad que, según él, conllevaban, era la segregación. Esto dio lugar al comienzo del entramado estructural de los robos de niños. Niñas y niños separados de su familia, obligados a renegar de sus valores y sus raíces, culpabilizando a seres queridos e inocentes, y formando parte de una sociedad excluida y estigmatizada, cuando no represaliada, torturada o exterminada.
