
El último informe anual de Amnistía Internacional presentado esta semana alerta de un deterioro generalizado de los derechos humanos a escala global, marcado por el auge del autoritarismo, la (…)
Hoy denunciaremos la grave situación que padece la población civil de la Franja de Gaza por el bloqueo israelí. Centraremos nuestra atención en la falta de voluntad política para evitar que la crisis mundial afecte de sobremanera a los más desfavorecidos. Y acabaremos pidiendo a los Gobiernos del mundo que ratifiquen la Convención sobre bombas de racimo
Bloqueo israelí en Gaza
Comenzamos en Gaza, donde el bloqueo israelí está teniendo consecuencias más graves que nunca para la población. En el último mes, los suministros de ayuda humanitaria y productos de primera necesidad, ya de por sí escasos, se han reducido dramáticamente.
Sin apenas suministro, la mayoría de los molinos han cerrado porque apenas tienen grano. La población, que ya lleva mucho tiempo privada de acceso a muchos productos alimenticios, ahora en muchas ocasiones, ni siquiera encuentra pan. Incluso cuando hay comida, por lo general no hay gas ni electricidad para cocinar. Hace dos semanas se permitió la entrada en Gaza de menos del 10% del gas semanal que se necesita únicamente para cocinar. Y también los habituales cortes de energía afectan a hospitales que necesitan de máquinas para salvar vidas.
La ayuda humanitaria y suministros que necesitan urgentemente los palestinos de la Franja, permanecen inmovilizados a tan sólo unos kilómetros de distancia. El único obstáculo es una verja que el ejército israelí mantiene cerrada.
Además, la escasez de combustible, electricidad y piezas de recambio está provocando que la infraestructura de agua, saneamiento y otros servicios básicos se deteriore día a día. El 80% de los pozos está funcionando a capacidad reducida, solo hay suministro de agua en las casas durante unas pocas horas cada varios días, y la escasez de cloro aumenta el riesgo de contraer enfermedades derivadas del mal estado del agua.
Crisis financiera mundial
Continuamos ahora hablando sobre la crisis financiera mundial. Desde hace semanas somos testigos de los esfuerzos de Gobiernos del mundo por socorrer a entidades financieras y salvarlas de una quiebra anunciada.
Amnistía Internacional, junto a Intermón Oxfam y Greenpeace, ha denunciado esta semana que la crisis mundial está desviando la atención de otras crisis igualmente relevantes para la estabilidad mundial y que afectan directamente a cientos de millones de personas en todo el mundo: las crisis alimentaria, climática y de derechos humanos.
Las organizaciones han hecho hincapié en que la premura de los países ricos por paliar el derrumbe financiero contrasta enormemente con la lentitud y el incumplimiento de sus promesas en materia de ayuda al desarrollo, lucha contra la pobreza, derechos humanos y cambio climático.
En el marco del 60 aniversario de la declaración universal de derechos humanos, Amnistía Internacional insta a los Gobiernos a garantizar la protección de los derechos de los colectivos más vulnerables. Así, la organización ha pedido al Gobierno español un plan Estatal contra el racismo y la xenofobia, protección para las víctimas de violencia de género, especialmente mujeres migrantes, y un respeto escrupuloso por el derecho de asilo y refugio de personas que corren peligro en sus países de origen.
Los derechos humanos no son un lujo propio de épocas prósperas, sino de obligado cumplimiento para los Estados en cualquier situación.
Convención sobre municiones de racimo
Y acabamos esta semana con una noticia esperanzadora. Cuatro países han ratificado ya la Convención sobre municiones de racimo que entrará en vigor cuando al menos 30 países ratifiquen su firma a este tratado.
Noruega, Irlanda, la Santa Sede y Sierra Leona han sido los primeros en ratificar la Convención de entre los 94 países que ya la han firmado, y entre los que se encuentra España. Esta convención prohíbe la producción, almacenamiento, uso y exportación de bombas de racimo, y obliga a los Estados a prestar ayuda adecuada a las víctimas de este tipo de munición.
Estas bombas causaron en 2003 en Irak, o en Kosovo en 1999 más bajas de civiles que cualquier otro tipo de munición. En 2006, su uso masivo por parte de Israel en Líbano mató a más de 200 civiles durante el año siguiente a declararse el alto el fuego y fin del conflicto. Además, se calcula que el 60% de las bajas civiles provocadas por las bombas de racimo son niños y niñas.
Amnistía Internacional cree que, aunque el tratado no es perfecto, permitirá reducir considerablemente el peligro de muerte y lesiones de civiles en situaciones de conflicto y postconflicto. Por ello, la organización insta a todos los Gobiernos del mundo a ratificar la Convención sobre Municiones de racimo para que pueda entrar en vigor cuanto antes.