
Y en este último programa de la temporada les propongo conocer y compartir la acción de Calabriasona, un proyecto creado hace muy poco tiempo, dedicado a revitalizar y a difundir la música (…)
Cuenta la leyenda que Benin fue la cuna del vudú, y que de este país fue llevado a América latina por los esclavos. La leyenda podría ser real porque la magia se percibe a lo largo y ancho de todo el territorio. Además, cuenta con playas de aguas transparentes y arenas blancas, una exuberante sabana en la que habitan muchos ejemplares de la fauna africana, y zonas montañosas en las que habitan los valientes guerreros Somba. A estos atractivos hay que sumar la riqueza tradicional de sus etnias. Los Yoruba con sus ritos ancestrales, los Aizos, Padah y Mina, los Fon y los Adja, y otros muchos más, conforman un verdadero mosaico de culturas que conviven en paz en este territorio. Benin, efectivamente, debe estar bajo el influjo de la magia.
Benin, país africano del golfo de Guinea, fronterizo con Nigeria, es, como su vecino Togo, una estrecha franja de tierra, de poco mas de 100.000 km2. que penetra desde la costa húmeda tropical hasta el reseco Sahel. La artificiosa forma es resultado de la lógica imperialista europea, ya que las potencias, habiendo fragmentado la costa desde el siglo XVII en zonas, para el control de la trata de esclavos y del comercio triangular entre Europa, América y África, avanzaron a finales del siglo XIX desde esas cabezas de playa hacia el interior. La anchura de la colonia resultante dependió así de la franja costera que se controlaba previamente. Los primeros en establecer factorías comerciales y fuertes negreros en esta parte de la costa africana, fueron los portugueses, como Porto Novo y Ouidah, que en el siglo XVI era uno de los centros de trata más importantes de África. Sin embargo, en el siglo XVIII los lusitanos perderían el control, cuando Lagos pasó a los ingleses y Ouidah a los franceses. Serían estos últimos quienes después establecerían su control sobre todo el territorio del interior constituyendo, lo que entonces se llamó la colonia de Dahomey, en referencia al reino de Danxomey, la más poderosa de las entidades políticas nativas preexistentes, cuyo desarrollo político y económico se había debido a su participación activa como proveedores de esclavos para los traficantes europeos de la costa. Dahomey obtuvo su independencia en 1960. En 1974, con la revolución marxista, pasa a llamarse Benin, en referencia al antiguo reino yoruba de Nigeria del mismo nombre. El cambio de nombre parece ser un gesto simbólico para contentar a todos los grupos étnicos que debían ahora compartir la nueva entidad política creada por el colonialismo. Puesto que Dahomey hacía referencia a uno solo del mosaico de reinos nativos precoloniales se eligió el nombre de un reino extranjero. Esta cuestión toponímica nos sitúa ante la gran complejidad histórico-cultural del país, dividido desde antiguo en muchos reinos y etnias. Pero por encima de la fragmentación étnico-política hay que resaltar una divisoria religioso-cultural fundamental: el sur, el territorio de las etnias fon y gun, es el país del vudú, del que hablaremos más tarde, y el centro y el norte, con pueblos como los baribá entre otros muchos, que son ajenos a esta práctica. La historia de Benín es muy rica. El legendario reino de Danxomey despertó interés y admiración ya que en esa época el arte satisfacía las necesidades tanto prácticas como espirituales. Sin embargo, la mayoría de los artistas sólo podía trabajar para la dinastía gobernante, destacándose sobre todo sus tapices y el trabajo en bronce. En cuanto a la música, en Benín ocupa un lugar importante en las fiestas religiosas. Para los Fon y los Yoruba la religión, llamada vudú u orisha, respectivamente, está ligada a un estilo musical particular, como cuando los fieles de la religión vudú escenifican una extensa obra de teatro musical con diversas danzas. En los rituales religiosos de los Yoruba el tema central es el de los espíritus que ocasionalmente poseen a las personas, siendo precisamente aquí donde la música tiene una función esencial: el control del estado de trance. En los complicados ritos funerarios de los Adja la música es el componente más importante, jugando un papel primordial el tambor de agua, la mitad de una calabaza flotando en una vasija de barro. Benin se jacta de ser, "La cuna del Vudú", queriendo decir que es este el territorio donde tuvo origen esta peculiar forma de religiosidad, que luego se extendió por medio de la esclavitud al Caribe y el Brasil, aunque esta es solo una verdad a medias. En primer lugar, porque en Benin el vudú solo se practica entre los pueblos de la costa, y luego, porque se trata de una religión que, con variantes regionales, se practica también en las regiones costeras de Togo y entre los yoruba de Nigeria, que influyeron, tanto como los dahomeyanos, en el desarrollo de los cultos vudús americanos. El vudú es una forma religiosa muy compleja que amalgama elementos y conceptos animistas, un particular panteón politeísta formado por un numerosísimo y confuso conjunto de dioses y antepasados clánicos divinizados, y unas prácticas religiosas que hacen hincapié en la posesión de los fieles por parte de la divinidad por medio del trance. Toma su nombre de estas divinidades, llamadas vudús en lengua fon y orishas en yoruba, y, como toda religión, comporta una filosofía que permea toda la experiencia cultural de la sociedad.
Los audios pertenecen a una realización de la ONG española Manos Unidas, que desde hace varios años, financia un gran número de proyectos que promueven el desarrollo de poblaciones de Benin, mientras que los comentarios están basados principalmente en una nota de María Masquelet y otra de David Mordoh.
En cuanto a la música, a lo largo del programa se escucha a varios intérpretes de Benin, entre los que se destaca Angelique Kidjo, la figura beninesa más conocida internacionalmente. También, entre otros, a la Orchestre de Sakara, Sagbohan Danialou, Julien Jacob, La Vipere, Les Freres Koud Akol y Les Frères Guedehoungue.
Es una realización de Jorge Laraia.