El compositor estadounidense de música minimalista, Philip Glass, muy pronto se orientó hacia el estudio obsesivo de la música, y la exploración de caminos menos convencionales, colaborando con músicos orientales como Ravi Shankar. Doctor Honoris Causa por tres universidades, revolucionario de la música de su tiempo, es un hito en el panorama musical de los 70, habiendo sido pionero en distintos ámbitos, desde la gran ópera y las sinfonías, hasta las bandas sonoras de películas. Por su parte, Godfrey Regio es un director de cine estadounidense de películas documentales experimentales, para el que la realización de las mismas no se trata de escribir un guión, o tener un punto de vista, sino de que en un determinado momento, las palabras han de desaparecer de la página, para que la imagen y el sonido se conviertan en aquello a lo que se está tratando de responder, y digan cómo darle forma, que hablen.

9 de diciembre de 2010
| Duración: 58:23

Philip Glass, nieto de inmigrantes judíos originarios de Lituania y nacido en Estados Unidos en 1937, ya figura en las enciclopedias y lo más frecuente es que su cristalino nombre vaya unido al adjetivo «minimalista». Bajo esa definición, es verdad, Glass ha encontrado un lugar en la teoría. Feliz continuador de herencias diversas, como los acordes quietos de Erik Satie, la pluralidad sonora de Charles Ives, o el milenario secreto de la música de la India, Glass produjo obras paradigmáticas del minimalismo, y la ópera Einsten on the Beach quizá sea la mejor muestra. Pero el compositor tiene otra virtud, además de los hallazgos musicales que ha aportado al arte contemporáneo, y es su versatilidad. Por eso se lo ha oído componiendo canciones, obras entre la ópera, la comedia musical y la cantata, y música para películas, entre las que se destacan sus colaboraciones, con el director de cine Godfrey Reggio. El genial director Godfrey Reggio realizó una trilogía fílmica, inspirada en tres profecías de los indios hopi, una antigua tribu americana que habita en la Meseta central de EEUU. En el año 2002 filmó la última, Naqoyqatsi, cuyas palabras en dialecto hopi significan Vida en guerra, y que propone, como en las dos películas anteriores, Koyaanisqatsi, de 1982 (Vida desequilibrada) y Powaqqatsi, de 1987 (Vida en transformación), una experiencia fílmica que va más allá de las palabras, en la que la imagen y la música muestran en Naqoyqatsi, un mundo en guerra. Si la primera, Koyaanisqatsi, era una mirada crítica y despiadada del modo de vida occidental, y del papel de la tecnología para crear la paranoia de los ricos, y la segunda parte Powaqqatsi, afrontaba la transformación de los países del sur hundidos por la explotación de sus recursos naturales, pero sumidos en la homogeneización que amenaza en convertir el planeta en una pequeña aldea, aunque extremadamente peligrosa, en Naqoyqatsi se muestra un mundo en el cual la tecnología lo está alterando todo: los medios, el arte, los sentimientos, el deporte, la política, la medicina, la guerra, la ética, la naturaleza, la cultura y la misma cara del futuro humano. Como en las anteriores, las imágenes, acertadas e impactantes, se funden con la música hipnótica de Philip Glass que soporta el espectáculo visual con el que tiembla la pantalla. Los indios Hopi, cuyas profecías inspiraron a estos dos artistas, son un pueblo amerindio del grupo shoshón de la familia lingüística yuto-azteca, miembro del grupo pueblo del área cultural del Suroeste, en el actual territorio de Estados Unidos. Los Hopi viven en un pequeño grupo de poblados autónomos ubicados en tres mesetas, o próximos a ellas, en el noreste de Arizona, en los que se conservó la cultura hopi mucho después del dominio español y europeo, y que han sido objeto de intensos estudios por parte de los antropólogos. Las ceremonias religiosas más notables son los misterios ‘kachina’ de la fertilidad (el kachina es el espíritu de un antepasado, que generalmente representa un clan, simbolizado en las ceremonias por un danzante enmascarado y maquillado), y los rituales del solsticio de verano y de invierno con la adoración al Sol y al fuego. También, la famosa danza de la serpiente, en realidad una danza de invocación a la lluvia, que se ejecuta cada dos años. La tradición oral de los Hopi reconoce cuatro mundos. El primer mundo fue destruido por el fuego, dato corroborado por el período de actividad volcánica que asoló Arizona alrededor de 250.000 años atrás y que dejó huellas irrefutables. El segundo mundo fue destruido por el hielo, lo que coincide con la terrible glaciación que descendió hasta Arizona hace alrededor de 100.000 años. En cuanto al tercer mundo, fue destruido por el agua, lo que corresponde al diluvio - universal - que asoló Arizona hace unos 12.000 años, con motivo de la fusión del hielo al finalizar el período glacial precedente. La cuarta depuración se produciría de dos maneras. Una forma supondría la acción de los cuatro elementos. Esto implica que asistiríamos a grandes inundaciones en muchos lugares, los vientos más intensos que hubiésemos visto jamás, temblores de tierra y erupciones volcánicas. Veríamos como la tierra, el agua, el fuego y el aire participan en el proceso de depuración... La otra forma en que se llevaría a cabo la depuración tendría como protagonista a un pueblo de piel rojiza. Un día llegaría a esta tierra y la conquistarían. Se advirtió a los Hopi que, si esto sucedía, no debían salir de sus casas porque habría una sustancia en el aire que los mataría. Finalmente, se dijo a los Hopi que, después de la purificación, los supervivientes quizá conservarían la misma religión que tenían; o tal vez buscaran una nueva, o incluso, podrían haber evolucionado hasta tal punto, que ya no necesitarían religión alguna...
Comentarios extraidos de una nota del sitio Okulta, basada en el libro "Las Profecías de la Tierra" de Sun Bear & Wabun Wind, publicado por Ediciones Martínez de Roca en 1993. En cuanto a la música, las composiciones escuchadas a lo largo del programa corresponden a las bandas de sonido de las películas Powaqqatsi y la más reciente Naqoyqatsi.
Es una realización de Jorge Laraia.

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