
Y en este último programa de la temporada les propongo conocer y compartir la acción de Calabriasona, un proyecto creado hace muy poco tiempo, dedicado a revitalizar y a difundir la música (…)
En pocos países como en la Alemania nazi la vida artística fue tan reglamentada y centralizada, con un rigor organizativo y una obsesión por el sentido dentro de la Historia. Nunca un dictador se implicó de manera tan decisiva en la política musical de un país como lo hiciera Hitler. No obstante, la conciencia innata y superior del ser germánico ya había sido enunciada por Wagner hacia 1850, como impronta hereditaria de una nación que él creía amenazada por las influencias exteriores y por el enemigo interior.
Es así que, luego de la subida al poder de Hitler, la creciente y siempre productiva cultura musical alemana quedó totalmente paralizada: todo lo que tuviera siquiera un toque "moderno" o innovador era manifiestamente contrario a la nueva ideología imperante, y debía ser erradicado. Así fue prohibida la música atonal, estigmatizada como símbolo manifiesto del desorden, y todo aquello que no se ajustara a los rígidos cánones de lo clásico y lo romántico.
Por otro lado, la radio, tan vital para la enorme difusión que había tenido el jazz en los años anteriores, por orden expresa de Josef Goebbels -Ministro de Propaganda de Hitler- dejó por completo de transmitir, en palabras del propio Goebbels "esa música judeo-negroide del capitalismo norteamericano, tan desagradable al alma germana".
"Charlie and his Orchestra" fue un grupo de swing creado por el Ministerio de Propaganda Alemán para desmoralizar a británicos, estadounidenses y canadienses durante los años 30 y 40. Aunque el jazz no era precisamente una expresión musical del agrado del Partido Nacionalsocialista, que la prohibió, Joseph Goebbels utilizó esa música como herramienta de propaganda a partir del momento en que Hitler asumió el poder en Alemania y Goebbels el cargo de Ministro de Propaganda del Tercer Reich, función para la cual el astuto y experimentado periodista Goebbels, estaba más que capacitado. Siendo un convencido del poder de la Radio como medio de propaganda, Goebbels montó una extensa red de potentes emisoras, mediante la cual cubría Alemania, Europa y también el resto del mundo. Al comenzar la guerra, contrató a Lutz Templin un saxofonista y director de orquesta que dominaba el inglés, en especial los términos coloquiales, y le dio como misión recomponer canciones populares de los países de habla inglesa, cambiándoles la letra para usarlas para desmoralizar al enemigo.
Por estos tiempos aparece un nuevo término: la "música degenerada", una expresión del partido nazi que hacía referencia a la música atonal, los arreglos de jazz y, por supuesto, a las obras creadas por judíos. Esto llevó a que en 1937 se presente en Munich la exposición Entartete Kunst (Arte Degenerado). Estaba presidida por un cartel en el que se veía a un negro tocando el saxo y llevando la estrella de David. La intención de esta exposición era detectar y despreciar aquellas obras "degeneradas" y, como decía Hans Ziegler (responsable de las artes plásticas del Reich), "subhumanas". El resultado, una exposición con más de 650 obras de unos 120 artistas que a partir de entonces serían considerados como enemigos del régimen, conllevando el exilio o la condena a muerte. La exposición fue visitada por 2 millones de personas y estuvo de gira durante 3 años por toda Alemania. La música también tuvo presencia en los campos de concentración nazis. Los judíos que no pudieron emigrar fueron llevados a diferentes campos como Auschwitz, Dachau o Buchenwald, siendo el campo de concentración de Theresienstad, el campo de concentración-modelo creado en 1941 al norte de Praga, el lugar donde existió mayor movimiento musical y que sirvió de vidriera a los nazis cuando a los Aliados empiezan a llegarles noticias de sobre el maltrato a los judíos de Europa del Este.
En Theresienstad se organizó una oficina, la "Freizeit gestaltung" ("oficina para el aprovechamiento del tiempo libre"), que existió desde 1942 a 1944 y que ponía en funcionamiento actividades tales como teatro, conferencias, óperas, conciertos de música de cámara y conjuntos de jazz. Tras un período inicial de 6 meses en el que la posesión de instrumentos equivalía a una condena de muerte, los conciertos organizados en escondites lo fueron con la aprobación nazi, ya que estos veían la música como un formidable método de propaganda. Llegó a haber en este campo de concentración 8 pianistas de renombre, 7 directores de orquesta, una decena de compositores que habrían de estrenar 56 obras, 4 orquestas y varios conjuntos de cámara. El repertorio abarcaría desde el Renacimiento hasta los contemporáneos. Allí, Víctor Ullmann compone la primera ópera para los campos de concentración: "Der Kaiser von Atlantis", escrita entre finales de Junio de 1943 y comienzos de Marzo de 1944 para una orquesta de 13 músicos. El estreno mundial no se producirá hasta el 16-12-75 en la Ópera de Amsterdam, bajo la dirección de Kerry Woodward.
Es una realización de Jorge Laraia.